TRES DESEOS
E l fin de semana nos subimos al auto y le dimos derechito hasta el río. El sol explotaba en un cielo sin nubes y el agua pegaba con fuerza contra la orilla sucia. Unos hombres remontaban barriletes que tenían forma de tigres, gallos y serpientes. Recorrimos el lugar buscando los juegos, trepando montículos de tierra bien asentada. Te despegabas de mí a la carrera, pero apenas pasaban unos segundos, me llamabas. Que descubriste un bicho raro, que esta ramita la llevamos de recuerdo, que te guardaste piedritas en los bolsillos del vestido. Alejada de todo, había una estructura de madera emplazada sobre una zona levemente pronunciada del terreno. Una especie de mirador y de laberinto a la vez donde los niños y niñas jugaban a subir y bajar, emboscándose en una cacería risueña. Subimos hasta lo más alto y miramos el río de nuevo. Pensamos dónde terminaría y qué habría después. Un cuero curtido y fino era el río. Hacía calor y el viento se entretenía con tus rulos, con los tigres, los ...