TRES DESEOS
Te
despegabas de mí a la carrera, pero apenas pasaban unos segundos, me llamabas. Que descubriste un bicho raro, que esta ramita la llevamos de
recuerdo, que te guardaste piedritas en los bolsillos del vestido.
Alejada
de todo, había una estructura de madera emplazada sobre una zona levemente
pronunciada del terreno. Una especie de mirador y de laberinto a la vez donde
los niños y niñas jugaban a subir y bajar, emboscándose en una cacería risueña.
Subimos hasta lo más alto y miramos el río de nuevo. Pensamos dónde terminaría
y qué habría después. Un cuero curtido y fino era el río. Hacía calor y el
viento se entretenía con tus rulos, con los tigres, los gallos y las serpientes
de papel. Me preguntabas cosas que ahora no recuerdo, entrecerrando los ojos
para que la luz del mediodía no te ciegue. Así estuvimos un buen rato.
Cuando
bajamos, me senté sobre la base de aquella construcción. Vos revoloteabas
cerca, buscando hormigas. Fue cuando me trajiste una vaquita de San Antonio
prendida en la manga de tu camiseta. Con miedo la trajiste. Creo que nunca habías visto una. Te conté que no pican y que mientras las tenemos
caminando en nuestras manos estamos habilitadxs a pedir tres deseos. Te
expliqué qué eran los "deseos". Hiciste un silencio de pensar.
Aunque
todavía nos faltara ver estrellas fugaces, pasar debajo de un puente sobre el que
corre un tren, partir el huesito del pollo, me esmeré en que pudieras hacer
buen uso de este ritual como si fuera definitivo.
Tenías
entonces tres deseos en tu mano, tres deseos de seis patas que jugaban con vos.
Tres deseos secretos. Porque si no son secretos no se cumplen, te expliqué. Me
escuchaste y luego volviste a tu juego solitario. Dialogaste con la mariquita a
la que ya no temías. Yo me quedé observándote. Qué poderosas serán las
estrellas fugaces, los puentes con trenes, el huesito de pollo con forma de
horqueta y los insectos, que nos conceden lo que no tenemos.
Deseé
cosas para lxs dos. Cosas materiales y abstractas. Unos patines, una espada de
juguete, una bici con rueditas. Cosas que vos querés. Ver la nieve, trepar
montañas juntxs, un paseo en barco con helado de frutilla, muchos amores
buenos, una casita, salud en todo el cuerpo, ocio a demanda. Cosas que quiero
yo para lxs dos.
Estaba distraído en mis deseos también, mirando los barriletes, cuando volviste
a hablarme. Preocupada, pero no triste, me mostraste: la vaquita aplastada
sobre un tablón del piso era una mancha oscura e indescifrable.
-Mirá,
papá, la maté.
Improvisé
unas palabras sobre el cuidado de los animales. Y volviste a correr por
ahí.
De
verdad, no sé si se cumplirá o no lo que deseamos. Pero aún nos quedan las
estrellas fugaces, los puentes con trenes y los huesos del pollo. O quizá
tendremos construir a mano nosotrxs mismxs aquello que anhelamos.
(Buenos Aires, 13-01-19)
🖎Hernán Boeykens

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