CINPRIPIO

 


Y
o no quiero que pierdas tus palabras, Ana. No quiero que las cambies por las adultas, las que usamos todxs como un pijama o una tetera. Siempre para lo mismo, las mismas palabras. Convencionales. Figuritas repetidas para nombrar el mundo. No quiero, aunque es inevitable. Porque perder esos juguetes únicos es crecer. Y no puedo pedirte eso porque en realidad sí quiero que crezcas. De todas formas, me da pena que, con el tiempo, descartes las palabras que inventaste.

Por eso voy a hacer un museo con ellas. Una cajita china a la que podamos regresar para ver cómo encontrabas belleza en los sonidos. Sí, ya sé. En algún momento me podrás pasar factura. Dirás, ay, papá, qué vergüenza. Como cuando unx ve esa foto en la que le enchufaron un traje de marineritx. 

Abro la colección. Un salón para las palabras de juguete (ojo, digo de juguete y no de mentira, porque son muy ciertas y dicen muchas verdades) para que un día volvamos a buscarlas y nos abriguemos de risa.

Cinpripio, pausua, jubar, jubo, jubito, sambuche, crocupa, temot-temot y morechón.

Acá las dejo, bajo siete llaves.

(Buenos Aires, o2/06/19)

                                       🖎Hernán Boeykens

                                                             

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