CARACOLAS

 

Antes de dormir, Ana se lava los dientes y hace pis. Busca en un cajón los muñecos que le van a hacer compañía en la noche. Elige los cuentos para leer, se pone un pijama y se mete debajo de las sábanas. Después de los cuentos, me toca cantar. La única canción de cuna que conozco de memoria es 11 y 6 de Fito. El gato se nos acurruca muy cerca y ronronea armoniosamente. Cuando termina el canto, apagamos la luz del velador.

Antes de dormir me dice que debajo de la almohada colocó algunas caracolas (las que trajimos del mar el último verano) porque no tiene otra cosa que dejarle al hada de los dientes. Aunque todavía no se la ha caído ni uno solo, ya prepara el terreno. Antes de dormir, ella puso caracolas debajo de la almohada para escuchar el mar, me dice.

Se le van unas lagrimitas de añoranza. Una por cada primito y primita que están lejos, unas por las tías que son muchas, unas para las abuelas. Yo digo que ya vamos a vernos con todos y todas. Que vamos a hacer una gran reunión donde no falte nadie. Me quedo ahí sentado un rato hasta que el llanto va aflojando.  

Ella recuesta las mejillas y las orejas sobre una almohada humedecida y salobre. Respira mejor, respira paz. Entonces recién se duerme con el vaivén de las olas.

 


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