TAN HUM(ANA)



L
a cocina es el lugar más habitado de la casa. Es estratégico no sólo para las horas de comer sino por su ubicación geográfica. Cerca del baño, de los cuartos, del patio y del living. La cocina es el eje. Allí pensamos qué nos gustaría comer, qué música nos gustaría escuchar y qué juegos vamos a jugar antes o después de la cena o del desayuno. Allí se cocina todo. Entre ollas humeantes y tostadas. Es el ágora de nuestro hogar. Dónde nos preguntamos y debatimos sobre la existencia de sirenas y unicornios o la popularidad del Ratón Pérez versus el Hada de los Dientes. Nunca faltan asuntos de mayor profundidad como la pertinencia de los pedos y los eructos en sociedad o las posibilidades de tener las más variadas profesiones e identidades. Ana se ha cambiado el nombre en esta cocina unas cuatro o cinco veces. Yo fui veterinario y princesa de Disney. Ella doctora, paseadora de perros, maestra, rockera, cumbiera y diseñadora de modas. ¿Está demás aclarar que yo quiero que Ana elija lo que se le cante y que si no existe esa posibilidad en el abanico hacer uno nuevo, más colorido y sonoro? 

Pongo a hervir unas papas y sin verla venir, me la estampa en la nuca con su voz de abeja reina:     

-¿Vos sos humano?
-Sí.
-¿Y yo?
-También.
-¿Y siempre vamos a ser humanos?
-Siempre.
-Qué lástima.
-¿Por qué?
-Porque yo quería ser leopardo.


🖎Hernán Boeykens

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